
Palabras al lector
Desde muy temprana edad comprendí -intuitivamente como acceden los niños al conocimiento- que trabajar con el cuerpo por alguna razón era vital.
Los juegos de la infancia; aquellos desafíos físicos de trepar muros, colgarse de los árboles o equilibrarse en una barra hechiza; eran además desafíos sicológicos, dónde la mente se fortalecía y flexibilizaba día tras día.
Sin embargo no poseía consciencia de esto. Ni siquiera imaginaba de qué manera se potenciaban la fuerza de voluntad, el autoestima, la seguridad en sí mismo; y cómo se alertaban los sentidos sensibilizando la conciencia corporal.
Era sólo jugar; lanzarse guarda abajo de un columpio en pleno vuelo, saltar la cuerda a grandes velocidades en avances y retrocesos; girar como un trompo cucarro hasta caer al suelo, pararse de cabeza, o caminar sobre las manos; escalar cerros y precipicios durante los veranos, en fin un sin número de actividades propias de los niños.
Tiempo después comprendí, que el movimiento del cuerpo conectaba con mis procesos internos, y mi espacio mental; con mis sensaciones viscerales, y mi propiocepción; y que también me enfrentaba a miedos, desequilibrios, caídas y golpes; que al parecer no tenían ninguna importancia.
El profundo bienestar general, la alegría, y la seguridad en sí mismo, era lo que contaba.
En aquel tiempo de niños sentíamos que teníamos poderes mágicos. Años más tarde caí en cuenta que sí los tenemos, sólo hay que desarrollarlos.
Así fue que descubrí el potencial del cuerpo y el beneficio mental que genera la actividad física.
Si utilizamos el trabajo del cuerpo conscientemente como una herramienta para el autoconocimiento, y un instrumento para el cambio, tenemos el poder de la auto transformación; que nos permite como por arte de magia, encontrarnos y adueñarnos de nosotros mismos.
El trabajo del cuerpo ejercido conscientemente, es un trampolín para zambullirse en la profundidad de la mente, y comprender la naturaleza propia.
Si reboto mecánicamente como una pelota rebota, no es más que eso, estar rebotando como una pelota, sin conexión mental. Distinto es, si al rebotar soy consciente de mi peso y de mi columna vertebral; estoy alerta a la postura de mi cuerpo, preveo el impacto en mis articulaciones -alineando mis piernas y mi espina dorsal-, y atiendo a la fuerza de gravedad. Distinto es, si el rebote lo utilizo no sólo para fortalecer mis músculos, sino que también para fortalecer mi disciplina y mi voluntad; y otra cosa es si aplico mi creatividad, y me propongo rebotar de un modo diferente cada día; para rebotar cada vez mejor, descubriendo todas las posibilidades del rebote, e inventando otras más.
Entonces sabré qué hago, cómo lo hago, y qué busco al rebotar.
El mismo rebote mecánico se transforma en un acto pensado. Un rebotar que repercute más allá de los músculos, articulaciones, ligamentos o tendones, conduciéndonos a más de algún hallazgo acerca de nuestro ser. Quizás descubrir qué hay detrás de la necesidad de rebotar, y cuáles son los gananciales.
El movimiento consciente, permite acceder a estratos profundos de conocimiento de nuestro ser.
La naturaleza original del ser humano es que mente y cuerpo estén unidos. En la práctica del yoga, la postura interviene al cuerpo y a la mente. La posición corporal llamada asana, coloca al practicante en una determinada postura física; que lo relaciona con su cuerpo, su espacio mental, y su energía. Paso a paso evoluciona en el campo de la consciencia, dando inicio al movimiento espiraleado de resonancia energética interna.
La reintegración comienza a partir de la primera unidad fundamental: la célula; paulatinamente se recupera el equilibrio energético de los centros y la armonía perdida.
Movimiento tras movimiento se adquiere el poder de la auto transformación. Se avanza del caos al orden, de la ignorancia al saber; de lo inacabado a lo acabado, de la oscuridad a la luz; y de la enfermedad a la sanación.
El movimiento ha sido mi instrumento de investigación, y mi cuerpo mi laboratorio de experimentación.
La práctica del yoga ha promovido mi autoconocimiento facilitándome el cambio; ha activado mi potencial, y mi creatividad, allanando mi camino hacia la autorrealización.
La disciplina del yoga es un precioso regalo para la humanidad, capaz de convertir la vida en arte.
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